La mañana golpeó la mansión con una luz demasiado brillante para el estado en el que se encontraba Amber. Al intentar salir de la cama, soltó un siseo de dolor. El roce de las sábanas contra la piel irritada de sus muslos se sentía como fuego. Se miró en el espejo del baño y vio el mapa de la noche anterior: rozaduras rojas y vivas en sus caderas y la parte interna de sus piernas, producto de la fricción salvaje contra el escritorio y el cuerpo de Tyler.
—¡Amber! ¡Queremos panqueques de dinosau