La cocina está inundada por la luz suave de la mañana cuando Jules entra arrastrando los pies.
Lleva el cabello recogido de cualquier manera y una expresión cansada, como si no hubiera dormido más que unos minutos.
El aroma del café recién hecho flota en el aire, pero ni siquiera eso logra mejorar su humor.
Evan está apoyado contra la encimera, taza en mano, revisando algo en su teléfono. Al verla, levanta la mirada y sonríe ampliamente.
—Buenos días —saluda con un entusiasmo que a Jules le r