La clínica estaba fría, limpia, con ese característico olor a desinfectante que a Olivia le revolvía aún más el estómago. Sentada junto a Noah en la sala de espera, sentía las manos heladas y el corazón latiéndole con tanta fuerza que parecía querer escapar de su pecho.
Noah, en cambio, mantenía una sonrisa tranquila que no se borraba de su rostro. Tenía una de sus manos atrapada entre las suyas y de vez en cuando acariciaba sus dedos con suavidad. Para él, la posibilidad de convertirse en padr