Habían pasado tres días desde que se enteraron del embarazo de Olivia y, desde entonces, Noah prácticamente no la dejaba sola ni un segundo. La llenaba de mimos, besos y cuidados cada vez que tenía oportunidad. Para Olivia era como vivir un sueño del que no quería despertar jamás.
Aquella mañana estaban en el jardín de la mansión. El sol era cálido, las flores se mecían suavemente con la brisa y Noah la abrazaba por detrás mientras enterraba el rostro en su cuello, dejando una lluvia interminab