Había un torbellino de personas abandonando la institución ya que había provocado un incendio ante las chispas provocadas en las luces. Los libros se prendieron fuego ante mis ojos y sin querer incendié la caja eléctrica del sótano que abastecía a toda la energía al edificio.
El bullicio y el lío que había hecho no bastó para que Simón dejara de mirarme y obedecer a los bomberos para que se marchara ya que estaban evacuando el piso. Lo más irónico de aquella situación desastrosa, fue que Angéli