CAPÍTULO 26
Llega el lunes y con ello mi optimismo de tener una buena semana.
Voy en autobús hasta la oficina sin antes parar en un café para ir a buscar mi desayuno. No es por discriminar, pero el café del edificio parece petróleo.
Con mi vaso descartable en la mano y mi bolso, las puertas del ascensor se abren e ingreso a la recepción. No hay muchas personas, he llegado temprano.
Cuando apoyo mi vaso sobre el mostrador de la recepción, veo que viene, para mi sorpresa, Mason, mi jefe.
Me sient