ANGELICA.
Despertó con el sol pegandole en sus ojos de tono amorronado. No maldijo aquel malestar que le provocaba el contacto del nuevo día porque ahora, simplemente ahora, estaba viva.
Bostezó como si no lo hiciera hace tiempo mientras estiraba sus brazos con gran satisfacción. Alejó las sabanas de su cuerpo y se levantó desnuda de su cómoda cama. Cerró las cortinas de la habitación para que nadie la viera y se vistió con mi ropa.
Sí, mi ropa.
Buscó exactamente el jeans que a mí me gustaba us