Capítulo 4: El peso de los diamantes.

Sharon Foster.

Los ojos de Ryan estaban fijos sobre mí, mientras yo me sentía incapaz de pronunciar palabra alguna. ¿Qué rayos estaba haciendo él aquí? ¿de verdad la vida era tan jodida que nos cruzaba en el momento y lugar menos idóneo?

Sus ojos recorrieron mi figura, detallando el vestido de novia y fui consciente del momento en que sus ojos encontraron el anillo brillando en mi debo.

— El… el blanco te queda bien — halago, esbozando una sonrisa que no llegaba a sus ojos, note como sus hombros se tensaron mientras ocultaba las manos en los bolsillos de su pantalón.

— ¿Qué estás haciendo aquí? — fue lo primero que se me ocurrió pregunto, confundida por su presencia y con el corazón latiendo a mil por hora.

— ¿Es enserio, Sharon? ¿es lo primero que se te ocurre decir después de estar ignorando mis llamadas desde ayer? — frunció el ceño, claramente disgustado — pensé que todo era un invento de los medios, pero no es así; veo que son ciertos los rumores de boda en torno a Adrián Di´Marco.

— Ryan, no es lo que estás pensando — di un paso al frente, pero detuve mi andar cuando vi que él se alejaba el mismo paso que yo avanzaba.

— ¿No es lo que estoy pensando? ¿No acaba de regresar Adrián a tu vida y te vas a casar con él? — mi corazón pareció saltarse un latido ante sus palabras, él dejo escapar una risita cargada de cinismo — claro, ¿Cómo no lo vi venir? Siempre ha sido Adrián, el dueño de tu vida, de tu razón. ¿Y cómo no? Si es el hombre con la billetera más abultada en el país. ¿Qué mujer no desearía ser su esposa?

— Ryan déjame explicarte…

— ¿Explicarme que Sharon? ¿Qué Adrián aparece y a ti se te olvidan 5 años de relación? ¿explicarme que apenas ese hombre te mira te corren los calzones y caes rendida en sus malditos brazos? ¡Eso ya lo sé Sharon! No hay nada que explicar.

— ¡No es así! Solo estoy cumpliendo con mi deber — guardé silencio de forma abrupta, recordando que en el jodido contrato estaba estipulado que no podía decir nada con respecto a nuestro acuerdo.

Ryan se acercó, la rabia emanando de él en oleadas abrumadoras, sus manos se cerraron con fuerza sobre mis brazos en un movimiento tan rápido que ni siquiera vi venir.

— ¿Tu deber? ¿Qué clase de deber puedes tener con el hombre que te destrozo? ¡Que te uso y te desecho como si no valieras nada! — su agarre se intensifico, mientras cerraba los ojos y apoyaba su frente sobre la mia — ¿Dónde queda tu deber contigo misma? ¿con tu corazón? ¿con el hombre que se encargó de juntar tus pedazos durante 10 años? Amándote en silencio, apoyándote, hasta que lo miraste como algo más que un amigo. ¿Ya no me amas, Sharon?

Mis lágrimas comenzaron a correr con mayor intensidad, el nudo en mi garganta comenzaba a ahogarme.

— Si, te amo — respondí, con la voz quebrada, con el corazón haciéndome añicos.

— Entonces no te cases — pidió, su voz bajo un par de tonos mientras sus manos ahora se posaban sobre mis mejillas — elíjeme a mí…

Su suplica me rompió el corazón.

— No me importa que deuda tengas con Adrián, no me importa el pasado que los une… solo me importa el presente que compartimos, el futuro que juramos formar…juntos. Por favor Sharon, elíjeme y me esforzare por hacerte la mujer más feliz del mundo… no te cases… por favor… no te cases.

Antes de que pudiera responder, aplausos lentos, burlones; resonaron en el probador. Nuestras miradas se dirigieron de inmediato a la fuente de la burla. Adrián se acercaba a pasos lentos pero seguros, una sonrisa arrogante plasmada en sus labios.

— Que escena tan conmovedora — hizo una mueca de asco al enmarcar la palabra “conmovedora” — los amantes que no puede vivir su amor por culpa del villano que llega a robarse a la novia…

Cuando estuvo junto a mí, su brazo rodeo mi cintura, apegándome a su cuerpo en un ademan posesivo. Las facciones de Ryan se deformaron de la rabia al ver esta acción.

— No sé con qué m****a la estas amenazando o como carajos la estas manipulando, pero yo no voy a permitir que la lastimes. Di´Marco.

Adrián soltó una carcajada arrogante, mirando a Ryan de arriba abajo, como si no fuera más que un estorbo insignificante ante él.

— Yo no la estoy obligando a nada.

— ¡Ella me ama! ¡hemos estado juntos durante 5 años! ¡Ella no tiraría nuestra relación por la borda sino estuvieras manipulándola de alguna manera! ¡No permitiré que me robes a la mujer que amo!

— Pues te tengo noticias: lo hizo. Le importo una m****a su relación contigo, mañana se convertirá en mi esposa y no hay nada que puedas hacer para evitarlo — dio un paso hacia Ryan, con ese porte imponente y abrumador que haría temblar a cualquiera — y yo no te estoy robando nada, solo estoy recuperando lo que es mio.

Adrián me miro por sobre su hombro, su mirada era ardiente, peligrosa; un escalofrío recorrió mi espalda; las palmas de mis manos comenzaron a sudar; entendía lo que esa mirada significaba.

Di un paso al frente, abrazando el brazo de Adrián con un ademan posesivo, entrelacé mis dedos con los suyos como parte del papel perfecto que debía jugar.

— Ryan… lo mejor es que te vayas, no quiero que hagas enojar a Adrián y mucho menos dar pie para que comiencen a correr rumores sin sentido.

Los ojos de Ryan se abrieron de la sorpresa, mirándome incrédulo.

— Sharon ¿Qué…?

— Mi lugar es junto a Adrián — le corte — tú mismo lo dijiste, siempre ha sido él… cuando me conociste te lo dije… no existe nadie más en este mundo a quien pueda amar, solo él… siempre él…

Al pronunciar la mentira más dolorosa de mi vida, sentí los dedos de Adrián contraerse levemente contra los míos, como si esta mentira lo hubiese golpeado también a él

Mientras una lagrima solitaria, pero cargada de mucho dolor, nació de los ojos de Ryan, la limpio con rapidez mientras su mirada triste y decepcionada se clavaba en mí, el dolor en mi pecho se hizo más fuerte, mi corazón latía tan rápido que sentía que comenzaba a faltarme el aire.

— Bien, Sharon… tomaste tu decisión — respiro profundo, como si intentara tragar todo aquello que quería gritarme — pero cuando te des cuenta del error que estas cometiendo, te estaré esperando, con los brazos abiertos… porque yo si te amo. Aunque tú no sientas lo mismo…

Mi agarre sobre el brazo de Adrián se intensifico al escuchar esa declaración por parte de Ryan, sentía que, si no me aferraba a algo, iba a terminar desmayada. Ryan me miro como si esperara una respuesta de mi parte, yo no pude hacer más que evitar su mirada; temiendo que pudiera ver en mis ojos la verdad de mis sentimientos.

Ryan apretó los puños, impotente y sin decir más dio media vuelta y abandono el lugar, no sin antes dedicarme una última mirada a la distancia, que no fue más que la estocada final para terminar de romper mi corazón en miles de pedazos.

— Bien, un problema menos — dijo de pronto Adrián, colocándose frente a mí para evitar que siguiera mirando hacia donde Ryan se había marchado.

La simplicidad con la que pronuncio esas palabras me hizo hervir la sangre, ¿no se daba cuenta de lo mucho que esto me estaba doliendo? ¿o simplemente no le importaba?

— No eres más que una basura Adrián Di´Marco — expresé entre lágrimas, mirándolo con odio.

— Ya lo superaras, este era un mal necesario — algo dentro de mi cabeza hizo clip. Este encuentro no había sido casualidad, la presencia de Ryan en este lugar solo tenía un culpable: Adrián.

— Tú… tú le dijiste que yo estaría aquí — acuse cuando la compresión me golpeo. Adrián no dijo nada, pero su silencio fue mucho más elocuente, en un ataque de rabia lo empuje por el pecho — ¡No tenías derecho a hacerme esto! ¡no tenías derecho a irrumpir en mi vida de esa manera! ¡yo realmente lo amo!

— Era necesario, te di 24 horas para arreglarlo y no lo hiciste, tengo todo el derecho de desaparecerlo de tu vida porque soy tu prometido. Y eso que llamas amor, deberías llamarlo capricho, Sharon… eso es lo que sientes por ese hombre

Comencé a golpearle el pecho con los puños cerrados, aunque sabía que esos golpes me lastimaban más a mí que a él. Adrián me rodeo con sus brazos intentando contenerme.

— Eres un monstruo… no tenías derecho a arruinarnos la vida así… no tenías derecho — mis sollozos se volvieron incontrolables, todo mi cuerpo pareció perder la fuerza, mis rodillas flaquearon y de no ser porque Adrián me tenía entre sus brazos hubiese caído al suelo.

Lo mire a los ojos, queriendo que viera todo mi dolor, como mi alma se estaba quebrando por sus acciones y por una facción de segundo, en su mirada brillo algo parecido a la compasión, pero tan solo un instante después su expresión se endureció.

— Nos vamos. Que envíen el vestido de Sharon directo a su departamento — ordeno a sus guardaespaldas y la mísera esperanza que tenia de que suspendiera la boda se esfumo al escuchar esas palabras salir de su boca. Mis lágrimas siguieron brotando, solo que ahora silenciosas mientras él me tomaba entre sus brazos para sacarme de la tienda. Yo no pude hacer más que acurrucarme contra su pecho y llorar… llorar sabiendo que el único refugio que ahora tenía eran los brazos de mi verdugo.

Sin duda mi vida no volvería a ser la misma nunca más. No mientras Adrián Di´Marco fuera el protagonista de mi historia.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP