Mundo ficciónIniciar sesiónSharon Foster.
Durante mucho, mucho, tiempo; soñé con el regreso de Adrián… imaginaba que volvía a mí, reuniendo los pedazos rotos que había dejado de mi corazón… imaginaba un discurso conmovedor brotando de sus labios, un juramento al amor que todos estos años no habían logrado apagar, imaginaba que regresaría para hacerme la mujer más feliz del mundo…
Nada de eso paso, no hubo serenata a la media noche, no hubo flores y chocolates… y mucho menos palabras de amor que repararan mi corazón. En cambio, había regresado solo para demostrarme que podía quebrarme más de lo que ya lo había hecho.
Donde imagine que habría alegría, solo existía un vació que amenazaba con tragarme… ¡Creí que jamás volvería sufrir por amor! Y aquí estoy… recostada contra la ventanilla del auto, mientras las lágrimas se deslizan por mis mejillas sin poder controlarlas.
Aquí estoy, deseando arrancarme el corazón para dejar de sentir ese dolor que me carcome por dentro.
Adrián ni siquiera se molestaba en mirarme, mientras yo me sentía desecha, pero sobre todo me sentía la mujer más estúpida del mundo. ¡No debería estar sufriendo por su causa! Y sin embargo lo hacía, me sentía morir por dentro solo por su indiferencia.
Quería odiarlo, detestarlo por lo que me había hecho, pero me era imposible. Una parte de mí, aquella que aún conservaba vestigios de inocencia y esperanza, deseaba con todas sus fuerzas encontrar en este hombre al hombre que alguna vez había amado, pero en su lugar solo hallaba un monstruo sin corazón que parecía dispuesto a destruir lo poco que quedaba de mí.
El recorrido hacia mi edificio fue un borrón de dolor y miseria, cuando el auto se detuvo frente a la entrada, baje sin esperar que Asdrúbal abriera la puerta para mí.
Me detuve un segundo para observar el interior del auto, mis ojos se clavaron en Adrián quien parecía muy concentrado en su teléfono. No me dedico palabra alguna ni siquiera una simple mirada que me hiciera sentir que las cosas podrían mejorar. Solo recibí su indiferencia.
¿Qué esperaba? Realmente ni yo lo sabía, pero sabía que todo esto dolía, dolía que la venda estuviera cayendo de mis ojos, destruyendo toda la idealización de este hombre al que creía conocer.
¡Qué estúpida he sido!
Dándole el poder de destruirme como si aún fuera esa chiquilla que lo había amado con locura. Con la poca dignidad que me quedaba; recogí los pedazos de mí y dirigí mis pasos hacia el interior del edificio.
El recepcionista me habló, pero yo lo ignore, no tenía cabeza para nada en este momento, lo único que deseaba era encerrarme en mi departamento, derrumbarme como no lo he podido hacer hasta ahora.
El recorrido del ascensor me pareció eterno y cuando finalmente cerré la puerta de departamento detrás de mí, fue como si todo aquello que me mantenía en una pieza de hubiese derrumbado sin miramientos.
Primero fue el silencio, el vació de llegar a un lugar al que ni siquiera podía llamar hogar. Mi espalda se mantuvo pegada a la fría madera de la puerta mientras mis ojos recorrían la inmensidad de un lugar que ahora me parecía tan extraño.
Las fotos de Ryan me recibieron, imágenes estáticas que me recordaban lo que había perdido, cerré los ojos, respirando profundo mientras me deslizaba hasta quedar sentada en el suelo. Abrace mis piernas contra mi pecho, intentando conseguir un consuelo que sabía nadie podría darme.
No era solo el recuerdo de Ryan lo que me atormentaba, era algo mucho más profundo, más significativo: el recuerdo de Adrián la primera vez que estuvimos en este lugar, fueron los sueños rostros, la promesa de construir un hogar juntos mientras nos pintábamos la cara y la ropa jugando en lugar de terminar con las paredes. Fue la emoción de ese primer beso compartido sellando la promesa de una vida juntos. Fue todo lo que vivimos y ahora no significaba nada…
Dos pesares diferentes se mezclaban en mi interior, devastando todo a su paso como si de un huracán se tratase. La pérdida de mi primer amor, la pérdida de la esperanza de reconstruirme que creía haber encontrado con Ryan. Todo se mezclaba en una perfecta agonía que me estaba matando.
Mi llanto se hizo incontrolable, todo mi cuerpo temblaba ante los sollozos que no lograba controlar y que comenzaban a ahogarme. Quería dejar de existir, porque cada latido de mi corazón provocaba que el dolor se extendiera cada vez más por mi cuerpo; consumiendo mi ser como nada había logrado consumirlo antes.
No sé cómo tuve fuerzas de levantarme, no sé cómo llegue a mi habitación sin derrumbarme y mucho menos sé cómo tuve la fuerza para despojarme de ese vestido de novia que se sentía como una segunda piel envenenada, porque si, cada segundo que permanecía con ese vestido mi ser se iba apagando cada vez más, acabando con todo lo que había sido hasta ahora, y lo haría hasta consumirme por completo, hasta que de mí solo quedara la marioneta que Adrián necesitaba que fuera.
Me hice un ovillo en la cama, como si ese fuera suficiente para mantener unida, para evitar perder todo lo que creía ser y llore… llore por el pasado, por las cicatrices que habían marcado no mi cuerpo, pero si mi alma… llore por esa parte de mí que estaba perdiendo, pero sobre todo llore por no ser lo suficientemente fuerte, fuerte para seguirme engañando; para seguir fingiendo no sentir cuando la verdad era que sentía demasiado.
Ya no podía, ni quería, seguir ocultando esos sentimientos que me estaban consumiendo... destruyéndome… sin saber que quedaría de mi cuando el llanto cesara… cuando el dolor de apagar.
¿Quién sería cuando el caos terminara y solo quedara el juguete que Adrián me había condenado a ser?
No lo sabía, pero tuve la certeza que pronto tendría que averiguarlo.
No había sentido el paso de las horas, ni notado cuando la noche se hizo día, hasta que el sonido del timbre irrumpió en el silencio.; anunciando el cumplimiento de una condena de la que ya no podía huir. Hoy me casaría con Adrián Di´Marco y no había nada que hacer para evitarlo.







