La llamada se cortó y el silencio cayó sobre la cabina del avión con un peso casi abrumador.
Me quedé mirando la pantalla oscura del teléfono, los dedos aún tensos alrededor del dispositivo. Las palabras de Lucius seguían resonando en mi cabeza, ese tono de superioridad, esa facilidad con la que ordenaba, disponía, decidía.
«Le arruinas este viaje a mi hermana y te juro que te haré la vida tan miserable que desearás ni siquiera haber nacido»
Lo dijo como si yo fuera un empleado al que había que