Lía sentía que los días en la mansión de los Skarsson, pasaban muy lentos, su vida se había vuelto rutinaria, no había mucho que hacer, se levantaba temprano para bajar a desayunar.
Mikkel casi no le dirigía la palabra, cuando coincidían le lanzaba una mirada indiferente, Henrik en cambio, trataba de hacerla sentir cómoda, aunque a veces parecía sentirse culpable frente a su nieto.
Aquella mañana, Lía se levantó más temprano que de costumbre, se sirvió una taza de café y salió a la terraza, el