Mikkel no apartó la mirada que permanecía clavada sobre Lía.
—Te pregunté si ves algo que te guste —dijo.
Lía sintió que su rostro ardía.
Como respuesta, lanzó el libro que tenía en las manos sobre Mikkel, el libro lo golpeó suavemente en el pecho y cayó al piso.
Él soltó una carcajada.
—Eso no responde mi pregunta.
—Eres un idiota —murmuró ella, recogiendo el libro, pero sin atreverse a mirar a Mikkel a la cara.
—¿Siempre avientas cosas sobre las personas cuando te pones nerviosa? —preguntó él