Henrik observó como Elín bajaba del auto, con el rostro rojo de ira y el bolso con los recipientes de comida colgando de su mano, el abuelo frunció el ceño al verla bajar del vehículo.
Henrik salió al vestíbulo justo cuando ella entraba y tiraba el bolso al suelo.
—Elín —dijo Henrik— ¿Qué pasó? ¿Por qué regresas con eso? ¿No se lo diste a Mikkel?
Ella lo miró con los ojos entrecerrados, apretando la boca, no se detuvo, pasó de largo, ignorándolo.
—No es de tu incumbencia, señor Henrik —gruñó, s