El lobo bufó por la nariz, se levantó, dio un rodeo a su alrededor, observándola de la punta de los pies al último cabello… y luego volvió a su sitio, fuera de la ventana, esta vez sentándose, y Sky noto que incluso sentado era más alto que ella.
—De acuerdo —murmuró— Si quieres quedarte ahí…
No era una invitación para entrar, ni un “buen chico”, solo una constatación, quizá era la molestia del sueño, el enfado de verlo alejarse en su mente y ahora, en la realidad, encontrarlo vigilando la vent