La sala se quedó en un silencio expectante cuando la figura de la reina de los demonios descendió del estrado y avanzó hacia Sky, por supuesto que no hubo presentaciones formales para los alfas, porque la mujer de ojos como brasas, solo se dedicó a tomar a Sky entre los brazos, con la seguridad de quien reaprende la medida de un cuerpo querido, “Mi Cielo”, susurró, pronunciando en voz baja el nombre que le pertenecía por sangre, y Sky la miró, con el corazón dándole un vuelco.
De esa forma y si