Fue Lucio quien, con una mezcla de orgullo tragado y deber a cumplir, condujo al Rey Demonio y a Sky por los pasillos del castillo, caminando un paso por delante, en un gesto de completa sumisión que nadie habría imaginado ver en el Rey de los Lobos, hasta que llegó a su despacho privado, y allí, con un leve ademán, abrió la puerta y dejó pasar primero a Azrael y a la joven, quedándose al margen.
—Les dejaremos a solas —dijo, con la voz controlada— Creo que… se lo han ganado.
Cuando la puerta s