666. Estás más callada.
No avanzamos enseguida, aunque el bosque parezca haberse aquietado de forma superficial, porque esa calma no se siente como un estado real sino como una pausa contenida, como si algo alrededor estuviera reteniendo el aliento en espera de que ocurra lo siguiente, y nosotros, de alguna manera, quedamos sincronizados con ese mismo compás suspendido.
Permanezco inmóvil unos segundos más, dejando que las palabras del hombre se reordenen dentro de mí, no como una idea cerrada sino como algo que busca