667. La forma que toma el deseo.
No desaparece, y esa persistencia silenciosa, que no invade ni se impone de manera evidente, es precisamente lo que la vuelve más difícil de manejar, porque se mantiene en ese punto intermedio donde no puedo señalarla con claridad ni definir sus límites, pero tampoco ignorarla sin asumir un riesgo que no estoy dispuesta a tomar.
Y esa ambigüedad la vuelve más peligrosa que cualquier amenaza directa, porque no puedo enfrentar algo que no termina de tomar forma completa ni anticipar un movimiento