540. Más fuerte que antes.
El vacío se diluye.
La ciudad respira otra vez.
Yo también.
Sigo sintiendo el eco del enfrentamiento bajo mi piel. No es agotamiento. Es una vibración densa, como si mi cuerpo hubiera sido atravesado por una corriente demasiado intensa y ahora conservara su temperatura.
Ellos me rodean nuevamente. El peligro nos afina; el deseo nos acerca.
Aeshkar desliza los dedos por mi mandíbula con una lentitud casi reverente. Eir apoya la palma abierta en mi espalda baja. Saelith se acerca sin prisa, sus o