539. Está perdiendo coherencia interna.
El silencio en la periferia sigue ahí.
No avanza.
No retrocede.
Es una mancha oscura en el mapa, un punto que respira sin luz.
Yo lo siento como una presión distante en el centro del pecho, distinta al pulso cálido de mi vientre. Este es frío. Analítico. Expectante.
No es maldad.
Es hambre estructural.
Me mantengo frente al ventanal, la ciudad extendida abajo. Detrás de mí, ellos no hablan. Puedo sentir su atención sobre mi espalda desnuda, el calor todavía latente en mi piel. El deseo no desap