538. Pero ahora hay algo más.
Sigo sintiendo el eco en mi piel cuando el silencio vuelve a instalarse en la habitación.
Mi respiración se estabiliza, pero el pulso interno no desaparece. Se mantiene activo, sereno, como si acabara de alcanzar una nueva fase de madurez.
Ellos siguen cerca. El calor de sus cuerpos aún rodea el mío. No necesito mirarlos para saber que también lo perciben: algo cambió otra vez.
No es solo integración.
Es expansión cualitativa.
Me aparto con lentitud. No huyo. Me deslizo fuera del círculo porque