535. El Latido que no pidió permiso.
El silencio después del descubrimiento es más intenso que cualquier gemido.
Névara permanece inmóvil, la mano apoyada sobre su vientre. El pulso responde otra vez. No es imaginación. No es un residuo de energía compartida.
Es autónomo.
Aeshkar retrocede un paso, procesando con rapidez fría.
—Eso cambia todo.
Saelith activa sensores biométricos sin decir palabra. Eir no aparta los ojos de ella.
—Describe lo que sientes —dice Eir, controlado.
Névara cierra los ojos.
—No es como la red. No vibra h