534. Hacia ellos cuatro.
La ciudad late contenida.
El modulador del Consejo sigue activo, una sombra elegante sobre cada pulso urbano. Pero en el interior del refugio, el aire es distinto. Más denso. Más cargado.
Névara lo siente primero en la piel.
No es amenaza.
No es expansión.
Es hambre.
Aeshkar la observa desde el otro lado de la sala. No necesita palabras. La frecuencia entre ellos ya no es un incendio descontrolado; es una brasa sostenida que sabe exactamente dónde arder.
—El modulador bajó un punto —murmura Sae