483. La invitación que no pide consentimiento.
No llega como amenaza ni como orden, sino como una cortesía excesiva, de esas que revelan poder precisamente porque pueden permitirse parecer amables, y cuando el mensaje se despliega en mi percepción con una delicadeza casi íntima comprendo que Nerai ha decidido mover la pieza que todos temían y nadie sabía cómo anticipar, no para aislarme más, sino para obligarme a entrar voluntariamente en el centro exacto de su arquitectura.
No me convocan.
Me invitan a ser escuchada.
El espacio elegido no