474. La palabra no me ofende.
Hay una densidad distinta en el aire, una forma de atención que se ha vuelto más precisa, más personal, como si quienes me observan hubieran dejado de buscar fallas en mis argumentos para concentrarse en los lugares donde el discurso no alcanza a cubrir lo que el cuerpo comunica sin intención de ocultarse, y mientras atravieso los espacios comunes percibo con claridad que el deseo ha dejado de ser un subproducto incómodo para convertirse en una variable que muchos intentan calcular sin saber aú