465. El límite que se cruza sin tocar.
No hay descanso después de lo ocurrido, solo una reorganización lenta de todo aquello que creía estable, y mientras avanzo junto a Saelith por corredores que ya no cumplen ninguna función ceremonial, siento con una nitidez casi dolorosa que el verdadero temblor no ha sido externo, que no proviene de la multitud incapaz de sostener su propio deseo, sino de la certeza íntima de que he tocado el borde exacto donde la presencia se convierte en responsabilidad encarnada, un lugar donde cada gesto de