458. La forma que adopta lo inevitable.
No hay regreso después de la irreversibilidad, solo una expansión lenta de sus efectos, como una onda que no necesita violencia para alterar todo lo que toca, y mientras permanezco inmóvil unos instantes tras la retirada de la representante, siento cómo el mundo reacomoda su respiración alrededor de mí, no en señal de alivio, sino de expectativa, porque cuando una estructura queda obligada a mostrarse, incluso quienes no participan directamente comienzan a percibir que algo esencial ha cambiado