321. Quédate lejos de mí.
Y entonces lo veo: el ser negro, inclinado sobre el suelo que ya no es suelo sino una piel vibrante, palpitante, como si toda la tierra hubiese comenzado a respirar de manera irregular, tosca, hambrienta. Su cuerpo, que antes apenas lograba definirse entre sombra y brasa muerta, ahora se estira, se compacta, se abre en un contorno que parece humano solo por capricho, porque no está hecho para encajar en ninguna forma estable, y sin embargo decide mantener esa figura mientras los dos enemigos se