314. El latido que arde con el mío.
Nunca pensé que pudiera escuchar el fuego respirar.
Pero en el instante en que las criaturas rompieron la línea de árboles, jadeando con sus fauces abiertas y sus espinas erguidas, el ser de fuego a mi lado inhaló de una manera que estremeció hasta las piedras del templo. No fue un sonido, fue una vibración caliente que me recorrió los huesos desde dentro, como si mi propio cuerpo hubiese sido convertido en una vasija para su aliento.
Y luego todo ocurrió demasiado rápido.
La primera criatura saltó, una masa de piel grisácea, patas largas y un rostro que era más una grieta que una cara. No pensé. El fuego surgió de mis manos como un latido desesperado, estallando en un arco que la golpeó en pleno pecho. Esperaba verla arder… pero solo retrocedió varios pasos, humeando como si mi fuego fuera un viento cálido y no un ataque.
—¿Por qué no se queman? —murmuré, retrocediendo—. ¡Siempre se queman!
El ser de fuego giró hacia mí, y por un instante sus llamas se abrieron en un gesto que recono