294. Bajo los balcones rojos.
La noche del pacto amaneció en vino y acabó en silencio, pero esta —la que sigue— es distinta. No hay rezos ni estrategias, solo el espejismo de la tregua que todos fingimos creer. El salón del palacio se abre como un corazón palpitante: alfombras de seda escarlata, columnas cubiertas con guirnaldas de amapolas, y cientos de lámparas colgando desde las vigas altas, derramando luz líquida sobre las copas.
La llaman la celebración del equilibrio, aunque todos sabemos que el equilibrio es un disfr