286. Rumores siempre habrá.
La noche huele a vino derramado y a sudor de intrigas, a esa mezcla agria que deja la traición cuando todavía no ha terminado de consumarse. El palacio respira con lentitud, como si cada muro contuviera la respiración, temeroso de que un suspiro revele demasiado. Las antorchas arden con un temblor indeciso; la luz se curva sobre los tapices y los convierte en espejos deformes, donde cada rostro parece otro, y cada sombra, un enemigo.
Camino descalza por los corredores de mármol, dejando que el