222. La cama compartida.
La noche llega como un manto espeso que cubre las piedras del palacio y las convierte en silenciosas confidentes, y yo me dejo arrastrar por ese silencio, por la certeza de que el mundo afuera se agita con intrigas, pero aquí, en este cuarto que huele a vino derramado y a la cera que arde lenta en las velas, sólo existe el espacio íntimo donde él y yo podemos detener el tiempo. Lo espero sentada sobre el borde del lecho, con la bata apenas ceñida al cuerpo, el cabello cayendo suelto sobre los h