221. Esta noche caliente.
La noche se desliza sobre la corte como un velo de terciopelo, y mientras los corredores principales del palacio permanecen silenciosos, yo me interno en los pasadizos menos transitados, aquellos que huelen a piedra húmeda y a secretos guardados demasiado tiempo. He convocado a unos pocos, los suficientes para comenzar a tejer lo que será mi propia red, un entramado de voces y cuerpos dispuestos a apostar por mí, no por fidelidad ingenua, sino porque sabrán que conmigo la vida les puede saber más dulce, el poder más cercano y el placer más intenso.
El salón donde los espero no es uno de los oficiales, sino una cámara apartada, casi olvidada, con ventanales cubiertos por cortinas gruesas que impiden que la luna nos delate. He mandado traer vino rojo como la sangre, frutas partidas con cuidado, especias que despiertan la lengua y braseros que aroman el aire con un perfume cálido, casi narcótico. No quiero que esta reunión se sienta como una conspiración seca y peligrosa, quiero que sea