198. El banquete envenenado.
La sala está bañada de luces cálidas, decenas de candelabros iluminan los muros cubiertos de tapices rojos y dorados que arden como brasas bajo la mirada de todos los invitados, pero yo sé que la verdadera hoguera está aquí, en mi pecho, porque en cada respiración llevo escondida la certeza de que esta noche podría ser el fin, o el comienzo de otra cadena aún más oscura. El banquete de proclamación, como él lo ha llamado, es un espectáculo para sellar su victoria, una celebración donde el poder se mezcla con el vino y el deseo con el veneno.
Camino entre los sirvientes, mi vestido ajustado a la piel como una segunda sombra, las telas bordadas que él escogió para exhibirme ante los demás como trofeo, pero que yo visto como armadura de seducción. Cada paso hace vibrar las joyas en mis tobillos y muñecas, cadenas doradas que tintinean suavemente, recordándome que sigo siendo su prisionera incluso en medio de este teatro de abundancia. Él se sienta en el trono improvisado al final de la m