136. Bajo juramento de carne.
Nunca imaginé que la política pudiera tener el sabor metálico del deseo contenido, ni que un juramento de fidelidad se sellara no con tinta ni con sangre, sino con el roce de la piel desnuda expuesta al juicio de miradas hambrientas, esas que se clavan como cuchillas en la carne que late y se ofrece. Estoy aquí, frente al general que ha exigido mi entrega como precio por su lealtad, rodeada de sus consejeros que fingen solemnidad pero que apenas pueden disimular la ansiedad que les palpita en l