10. Tocar sin devorar.
No sé cuánto tiempo llevo aquí abajo; las marcas que antaño trazaba en la piedra con la uña o con un pedazo de metal oxidado han quedado incompletas, como si en algún momento hubiese aceptado que el tiempo, en este lugar, es un animal sin patas ni alas, un cuerpo oscuro que no avanza ni retrocede, que solo se enrosca y aprieta, repitiendo el mismo latido pesado sobre mi piel. La penumbra no se rompe, el aire huele siempre a humedad rancia y a hierro viejo, y las paredes parecen absorber cualqui