Cap. 36 Mi vida...

Al día siguiente, un coche discreto se detuvo frente a los imponentes portones de la Mansión La Tormenta. Luther ya había allanado el terreno; los guardias, advertidos y con órdenes estrictas, se hicieron a un lado. Lena y Hugo Marín no llegaron como invitados.

Llegaron como lo que eran: familia reclamando lo suyo. Entraron con la determinación silenciosa del que sabe que tiene derecho a estar allí, "como perro por su casa", sin pedir permiso.

El protocolo fue rápido y sombrío. Se cambiaron la
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