El interior del Mercedes olía a cuero nuevo y a ese aroma metálico que solo el poder real puede desprender. Me recosté en el asiento, dejando que el silencio de la cabina insonorizada filtrara el ruido de mi vida anterior. Tres años. Tres años viviendo en las sombras, cocinando las cenas favoritas de Julián y aguantando los humillaciones de una mujer que no sabía ni cómo sostener correctamente un tenedor de postre.
—Señorita Alessandra, su abuelo dejó instrucciones claras —dijo Marcos, mi jefe de seguridad, mientras me entregaba una tableta electrónica—. El 60% de las acciones del Grupo Ferragotti fueron liberadas a su nombre hace exactamente diez minutos, cuando recibimos su señal.
—¿Y Julián? —pregunté, mirando por la ventana cómo las luces de la ciudad se difuminaban.
—El señor Valdivia cree que su nombramiento como Subdirector es un hecho. Lo que no sabe es que el puesto fue una "cortesía" de la junta directiva para atraerla a usted de vuelta. Era el cebo para que la heredera sali