Hamburgo, Alemania. Dos semanas después.
La búsqueda del "Arquitecto", el hombre que había reconstruido a Lilith, los había llevado a un búnker subterráneo disfrazado de club nocturno exclusivo en el puerto de Hamburgo. El aire estaba cargado de humo de narguile, luces de neón violeta y el latido sordo de una música electrónica que parecía el pulso de una ciudad enferma.
Elena se movía por el club como un depredador envuelto en seda negra. Su vestido, con la espalda descubierta hasta la cintura, revelaba las finas líneas plateadas que subían por su columna, la interfaz que conectaba su cerebro con sus manos de acero.
Dante la observaba desde la barra, manteniendo su papel de guardaespaldas y amante. Cada vez que un hombre se acercaba demasiado a Elena, la mirada de Dante se volvía un abismo de promesas violentas.
—El contacto está en el área privada —susurró Elena por el auricular invisible—. Se llama Marek. Es el corredor de tecnología negra para el "Consejo de la Sombra".
—Ten cuida