Lucas se lanzó sobre la cama de Clara, con la cara empapada de lágrimas y la voz quebrada de desesperación:
—¡Clara, empecemos de nuevo, te lo ruego! Esta vez juro que voy a amarte solo a ti, con todo mi corazón.
Clara no quería escucharlo más. Enseguida apretó el botón de la enfermera:
—¡Hay un loco que no me deja en paz!
Dos enfermeras entraron enseguida y, al verlo, se quedaron de una pieza.
—¡Señor Castro! ¿Qué hace aquí? A esta hora tendría que estar en su habitación, con el suero conectado