Clara había vuelto a vivir justo después del gran terremoto. Ese mismo año fue cuando ella y Lucas empezaron a salir juntos.
Pero el Lucas que tenía delante no se parecía al recuerdo que guardaba de él. Su cara aún conservaba la frescura de un adolescente, aunque en sus ojos había algo diferente, raro, casi familiar.
¿Y si Lucas también había vuelto? ¿Y cómo había muerto él?
Al verla llorar, Lucas sintió un vuelco en el corazón. Jamás pensó que tendría otra oportunidad, mucho menos volver a los años de su juventud.
Todo seguía intacto: no había barreras entre ellos, ni viejas heridas que los separaran.
Esta vez —se juró— la amaría el doble y no repetiría los mismos errores.
—Clara, ¿estás bien? —preguntó mientras se acercaba, con los brazos abiertos, queriendo abrazarla como antes.
Clara reaccionó de golpe, dio un paso atrás y respondió con frialdad:
—Lucas, tú y yo casi ni nos conocemos. Me incomodas. Necesito descansar.
El cuerpo de Lucas se puso tenso. Se detuvo y clavó la mirada en