Al mediodía ya estaban listos los papeles para el traslado. Mientras Clara guardaba sus cosas, Lucas irrumpió en la habitación.
—¡Clara! ¿Por qué quieres cambiarte de hospital? ¿Es por mi culpa?
Ella lo ignoró por completo y siguió empacando en silencio.
Lucas se apresuró a tomarle la mano, suplicando con la voz quebrada:
—Clara, por favor, hablemos. ¡No sigas evitándome!
Su mano estaba helada. Clara la apartó de un tirón, con una frialdad cortante:
—¿Es que no tienes fin, Lucas? Te agradezco qu