Mateo salió disparado hacia casa y, al abrir la puerta, encontró a su padre sentado en su habitación, agarrando fuertemente un viejo diario.
Abrió la primera página con los dedos temblorosos.
—En mi décimo cumpleaños, todos lo olvidaron. Solo el mayordomo lo recordó y me compró un pequeño pastel.
—A los quince, estuve un mes con una fractura y nadie vino a verme. Pero a Camila solo se hizo un corte en el dedo con papel, pero papá y mamá se quedaron despiertos toda la noche con ella.
—A los veint