Matías se quedó paralizado. Mi nombre quedó atrapado entre sus labios, convertido en un sollozo ahogado, pero nunca llegó a pronunciarse.
El más rápido en reaccionar fue papá. Su expresión de incredulidad se retorció instantáneamente en pura rabia.
—¡Isabela! ¿Te has vuelto loca? ¿Qué diablos pretendes hacer?¿Arrastrarte hasta este espectáculo patético solo para llamar la atención? ¡Esto es el colmo del ridículo!
—¡Deja de actuar y levántate! —la voz de mamá chilló en un tono estridente—. ¡Qué p