Capítulo 90

Desperté con el peso de un silencio extraño. No era el silencio acogedor de un descanso reparador, sino el vacío de una ausencia que ya comenzaba a resultarme habitual. Extendí la mano hacia el costado de la cama, buscando un cuerpo que no estaba. Solo encontré la sábana fría, arrugada por la huella que Matías había dejado unas horas antes.

Ese vacío me pinchó el pecho. No me sorprendió, pero aun así dolió. Me incorporé lentamente, con el cuerpo entumecido. Sentía las piernas pesadas, com
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