Desperté más temprano de lo habitual, aunque no había dormido bien. Me moví entre sueños confusos donde el rostro de Matías se mezclaba con el de Sarah, y cada vez que trataba de acercarme a él, ella aparecía, delicada y frágil, robándoselo sin esfuerzo. Abrí los ojos con la sensación de haber corrido una maratón, agotada, sin aire, pero con algo nuevo latiendo en mi pecho: la necesidad de actuar.
La palabra “perfecta” todavía seguía resonando en mi mente desde la llamada de mis padres. Perfec