Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana siguiente desperté con una sensación extraña: el peso de la incertidumbre todavía me atenazaba, pero también había en mí una energía renovada, un impulso que me recordaba que estaba más cerca que nunca de desentrañar la mentira de Sarah. Londres amanecía gris, con una llovizna tenue que empañaba los cristales de mi ventana. Me quedé mirando ese cielo plomizo, pensando que era el reflejo exacto de mi ánimo: cargado de preguntas, pero dispuesto a resistir.
Pasé gran parte de la ma






