Después de la reacción silenciosa de Alejandro, me dormí con mucho trabajo, dentro de mí sentia una gran preocupación ¿qué pasaria entre los dos después de esto?
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Al día siguiente abrí los ojos. La habitación estaba a media luz. En la silla junto a la cama, con los brazos cruzados y la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, estaba Alejandro.
Dormía, pero no con calma: tenía el ceño fruncido, como si incluso en sueños siguiera preocupado por algo que no podía controlar.<