El día siguiente amaneció brillante, con un sol que bañaba las calles de la ciudad y un aire fresco que parecía invitar a caminar. Matías estaba junto a mí desde temprano, revisando algunos pendientes en su agenda mientras yo terminaba de arreglarme. La rutina se sentía estable, casi reconfortante.
—Isa —me llamó Matías, levantando la mirada hacia mí—. Hoy Sarah quiere que la acompañemos a resolver algunos trámites y después almorzar. Dice que todavía no se siente muy segura moviéndose sola po