Mundo ficciónIniciar sesiónEl cirujano me informó que amputarme la pierna podría darme un año más de vida y me preguntó si estaba dispuesto. Se me cortó la respiración. Dudé un buen rato, pero aun así le envié un mensaje a mi esposa. «La cirugía podría darme un año más de vida. ¿Quieres que me opere?». Un minuto antes de que me llevaran en camilla al quirófano, mi teléfono por fin vibró. El mensaje decía: «Espero que esto te ayude». Y venía acompañado de una transferencia de dinero. La misma que había recibido con cada mensaje que le mandé en tres años. Desde nuestra noche de bodas, cuando le pedí quinientos mil dólares, Victoria estaba convencida de que yo era un cazafortunas, tal como decían sus amigos. Por eso, cuando terminé hospitalizado por salvarle la vida, me envió dinero. Cuando le supliqué que fuera al funeral de mi padre, me envió dinero. Hace seis meses me diagnosticaron cáncer de huesos, una enfermedad hereditaria en mi familia. Pronto acabaría como mi padre: con tubos en cada vena, partes del cuerpo amputadas, esperando la muerte en una cama de hospital. Desesperado, le envié noventa y siete largos mensajes de voz. Recibí noventa y siete transferencias.
Leer másCinco años después, Victoria Sterling había alcanzado los cuarenta.Se desplomó en medio de una negociación.Los exámenes médicos confirmaron que padecía cáncer óseo en etapa avanzada.El médico revisó su expediente y luego y luego observó a la mujer que tenía delante. Las canas comenzaban a asomarle en las sienes, y sus ojos, apagados, parecían haber renunciado a la lucha. Entonces, dejó escapar un suspiro.Tal vez algunas cosas simplemente están escritas de antemano.—Sé que no hay nada que hacer. —dijo Victoria con absoluta calma. En el fondo, incluso parecía aliviada—. La misma enfermedad que tuvo mi esposo. Y su padre.El médico asintió en silencio.—Bien. — dijo ella, y por una vez su sonrisa transmitió una calidez genuina —. —Por fin, podré comprender cuánto dolor soportaste. Rechazó cualquier tratamiento agresivo, aceptando únicamente cuidados paliativos. Transfirió la compañía a otras manos y destinó la mayor parte de su fortuna a la fundación, garantizando así que otros enf
Arrestaron a Julian.Huyó antes del juicio, pero no tenía la menor oportunidad contra Victoria, y lo recapturaron en cuestión de días. Eso le sumó dos años a su condena.Solo cuando le colocaron las esposas pareció comprender su situación. Los buenos años habían terminado. Lo que le esperaba ahora era un abismo sin fondo.Cinco años después.Victoria tenía treinta y cinco años. Se había vuelto más fría y más hábil en los negocios, y para entonces ya había cortado todo contacto con sus padres.Vivía sola en la casa donde había transcurrido su breve y desafortunado matrimonio. Nada había cambiado de lugar. Un libro que Daniel nunca terminó de leer seguía boca abajo en el sofá, justo donde él lo había dejado.Nunca volvió a casarse. No había ningún hombre cerca de ella, ni lo habría jamás. En su entorno sabían que había un nombre que no se mencionaba a la ligera en presencia de Victoria Sterling: el de su esposo, que había muerto joven, el único tema del que jamás hablaba.Solo unos pocos
Victoria despertó en una cama de hospital con una vía todavía sujeta con cinta al dorso de la mano.En cuanto lo recordó todo, se incorporó de golpe y se arrancó la aguja.—¿Dónde está? ¿Dónde está Daniel?Tenía los ojos rojos e irritados y gritaba desesperada.Grace entró acompañada del abogado. Ninguno de los dos pudo sostenerle la mirada.—El señor Bennett está en la morgue del hospital —dijo Grace en voz baja—. La policía lo considera un suicidio. Hay unos documentos que debe firmar su familiar más cercano…—Soy su esposa. Yo firmaré. Me lo voy a llevar a casa. —Ya intentaba bajarse de la cama.El abogado colocó una carpeta frente a ella.—Señora Sterling, hay cosas que debe revisar primero.Era lo que le había ordenado a Grace que consiguiera antes de subir al auto.Le temblaban las manos al abrirla. Resúmenes de la investigación. Fotografías. Registros bancarios. Copias de historiales médicos.Todo estaba expuesto y no había forma de refutarlo.Las pruebas de cómo Julian intercep
Victoria miró fijamente el mensaje en la pantalla.«Me diagnosticaron cáncer de huesos. Igual que a mi papá».Le zumbaban los oídos.Y entonces recordó con exactitud aquel día. Estaba en el departamento de Julian. Él tenía su teléfono y se reía.—Daniel vuelve a pedirte dinero. Déjame hacerle una transferencia. Le va a encantar.Y después… nada. No hubo nada más. Ni siquiera había leído lo que Daniel le había escrito.¿Era posible que él realmente tuviera cáncer? Julian lo había investigado y sus padres siempre le habían dicho que Daniel era un estafador que vivía engañando a mujeres adineradas. Al principio, ella tampoco lo había creído. Pero ¿qué posibilidades había de que se casaran un día y al siguiente el padre de Daniel estuviera en el hospital y necesitara una fortuna para operarse?Sentía que la cabeza le iba a estallar. Ya no sabía a quién creer.Lo que sí sabía era que no podía perder a Daniel.Con manos temblorosas, recorrió el chat hacia arriba. Una transferencia tras otra,










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